Litio: que sabemos sobre esta gran riqueza en territorio nacional?
El litio es un metal muy liviano que, en casi todo el mundo, está considerado el mineral del futuro. Sirve para fabricar las baterías recargables que llevan los dispositivos electrónicos portátiles y que también empiezan a ser utilizadas para impulsar los nuevos vehículos eléctricos y almacenar energía renovable. Por este motivo, muchas multinacionales de la industria ya han puesto sus ojos sobre los salares de la puna sudamericana, cuyas enormes reservas de este «oro blanco» en los últimos años no hicieron más que aumentar su precio internacional, “atrayendo” inversiones extractivas directas de diversos países extranjeros. En Argentina, por ejemplo, pocos han advertido que hace ya 20 años que una gran corporación química norteamericana llamada FMC Lithium explota el Salar del Hombre Muerto, en la provincia de Catamarca, posicionándose entre las cuatro mayores productoras mundiales de litio (SQM, Albermale, Tianqui y FMC controlan el 80 por ciento de las exportaciones mundiales). La llegada de FMC al país y la manera en que logró adjudicarse hace 27 años el contrato de explotación representa una de las privatizaciones más escandalosas y a la vez más ocultas de nuestra historia reciente. El proyecto que esta empresa hoy tiene, en realidad, le pertenecía originalmente a la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), que entre los años 1960 y 1970 exploró los salares de la puna interesada por los usos del litio en la fusión nuclear. Fue durante la última dictadura militar, sin embargo, que se decidió incorporar al litio entre las sustancias concesibles del Código de Minería y en 1982 se intentó transferir el proyecto estatal a la norteamericana FMC, que por entonces se llamaba Lithco y afrontaba juicios por contaminación ambiental en Bessemer City. Pero cuando parecía que estaba todo listo, la derrota en la guerra de Malvinas interrumpió el proceso licitatorio y la multinacional debió esperar hasta la llegada al poder de Carlos Menem. En efecto, después de varios intentos fallidos, en febrero de 1991 logró repentinamente obtener el ansiado contrato de explotación, debiendo reconocer una pequeña participación de la DGFM y de la provincia de Catamarca en la flamante Minera del Altiplano S.A. que se haría cargo del proyecto (2,5 por ciento para cada una), con la correspondiente designación de un miembro en el directorio.-

